Pastel rústico de boda

martes, 2 de septiembre de 2014

El fondant es, básicamente, plastilina de agua y azúcar. Como todo el mundo lo sabe, mucha gente lo evita. A mi, personalmente, no me gusta mucho para comer, prefiero "pelar" los pasteles y sólo comer el bizcocho. Pero es que gracias al fondant se pueden hacer formas maravillosas, bordados, colores y peripecias que dejan a más de uno con la boca abierta.


Yo prefiero no abusar del fondant, la crema de mantequilla también nos permite hacer bonitas decoraciones que todos se comen. Creo que cada persona, cada evento y cada celebración tienen que tener un pastel acorde y el que hoy os enseño es un buen ejemplo de lo que os comento.


Este pastel me lo pidió una amiga, que más bien ha sido una hermana durante muchos años de mi vida. Con ella hemos vivido de todo: vacaciones con nuestras famílias en el norte, escapadas a casa de sus abuelos a Tarragona y fiestas mayores en Gombrèn, fin de año en mi casa y cabalgatas de reyes en Barcelona. Eramos una auténtica família y tengo miles de recuerdos a su lado.


Encontró a su alma gemela en la universidad, un chico aventurero y amante de la montaña como ella y organizaron una boda que reflejaba a la perfección el carácter de ambos. Se casaron en un puente románico, en la montaña, y celebraron un distendido banquete decorado y pensado hasta el último detalle. Ayudaron amigos y família, ¡esto sí que fue una boda handmade y totalmendte DIY!


Así que nos pusimos a hablar del pastel y ella quería uno como este, del curso de Alma Obregón, cubierto de fondant, decorado con glasa y una peonía. Pero después de que me contara como sería la boda, le enseñé pasteles más rústicos, cubiertos de crema, y luego todavía más sencillos, sin cubrir, los ya famosos naked cakes.


¡Y este fue el resultado! 3 pisos de bizcoho de vainilla, rellenos de crema de fresa aplicada con boquilla de estrella ancha, una fina capa de mermelada de frambuesa, bañado con almívar de vainilla y decorado con margaritas frescas y frutos rojos (fresas, frambuesas, arándanos y moras).


Un toque más rústico: montado en un trozo de tronco que mi padre cortó en casa.

El toque final: espolvoreado de azúcar glas justo antes de salir!

Lo mejor de la boda: poder asistir y que todos te feliciten por lo bueno que está, ¡mil gracias!


Espero que os inspire para hacer vuestros propios pasteles, jugad con la manga pastelera y os saldrán auténticas maravillas!

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