"Caçadors de bolets"

domingo, 28 de septiembre de 2014


Cuando me pidieron una “tarta seta” sólo me vino una imagen a la cabeza: la típica roja con puntos blancos de Los Pitufos o Mario. Pero no me estaban pidiendo ese tipo de seta… la chica que me hablaba al otro lado del teléfono me estaba contando lo aficionado que es, su ahora marido, a la recolección de setas. Además, le encantan los caracoles y eso también se debía reflejar en el pastel.



Así que como hago siempre, me puse a rebuscar en internet, diferentes setas, pasteles y caracoles y cómo podía integrarlo todo. Era un reto porque iba a hacer una seta en 3D, donde el “sombrero” reposaría todo su peso en el “pie” de la seta, puesto que todo iba a ser de bizcocho. Los caracoles, de fondant, serían parte de la decoración de la tarta.



Lo que hice fue hornear dos bizcochos de vainilla, el básico que hago siempre. Para la parte de arriba usé un molde de 20cm y, para la base, un molde de 15cm, ambos de 10cm de alto. A continuación tallé los bizcochos dándoles la forma deseada y con una lira los corté en tres partes cada uno. Como siempre, los bañé en almíbar (también de vainilla, puse una fina capa de confitura de fresa (una nueva de Home Chef, natural, y que lleva fresas enteras) y una capa de buttercream de fresa. Luego los cubrí de buttercream y refrigeré para que endureciera un poco.



Mientras, cubrí una basé de 20cm con fondant blanco y marqué las láminas de la parte de abajo del “sombrero” de la seta. Utilicé una esteca para fondant y marqué unas más profundas que otras. Esta parte iría hacia abajo, monté la tarta en la parte que no estaba forrada y luego, lo cubrí todo con fondant formando un pequeño reborde alrededor de la base. La parte de abajo la cubrí como se hace habitualmente.



Para montar las dos partes, lo hice siguiendo el esquema de abajo: 6-8 palitos para aguantar la parte superior y uno (el puntito rojo) que atravesaba la base de la parte superior hasta la mitad de la tarta (previamente había agujereado el centro de la base de cartón para poder introducir el palito).

Por último, pasé tres capas de pintura comestible (colorante marrón mezclado con vodka) hasta conseguir el marrón oscuro que se aprecia y añadí unos detalles para darle un poco de vida. Modelé dos caracoles, unas hojas mordisqueadas, hierbas y flores y molsa hecha de bizcocho rallado y teñido de verde.



Espero que os haya gustado esta tarta tan otoñal y que tengáis toda la información por si os animáis a hacer una vosotros!




Gracias por llegar hasta aquí!


Naroa Castro

Pastel rústico de boda

martes, 2 de septiembre de 2014

El fondant es, básicamente, plastilina de agua y azúcar. Como todo el mundo lo sabe, mucha gente lo evita. A mi, personalmente, no me gusta mucho para comer, prefiero "pelar" los pasteles y sólo comer el bizcocho. Pero es que gracias al fondant se pueden hacer formas maravillosas, bordados, colores y peripecias que dejan a más de uno con la boca abierta.


Yo prefiero no abusar del fondant, la crema de mantequilla también nos permite hacer bonitas decoraciones que todos se comen. Creo que cada persona, cada evento y cada celebración tienen que tener un pastel acorde y el que hoy os enseño es un buen ejemplo de lo que os comento.


Este pastel me lo pidió una amiga, que más bien ha sido una hermana durante muchos años de mi vida. Con ella hemos vivido de todo: vacaciones con nuestras famílias en el norte, escapadas a casa de sus abuelos a Tarragona y fiestas mayores en Gombrèn, fin de año en mi casa y cabalgatas de reyes en Barcelona. Eramos una auténtica família y tengo miles de recuerdos a su lado.


Encontró a su alma gemela en la universidad, un chico aventurero y amante de la montaña como ella y organizaron una boda que reflejaba a la perfección el carácter de ambos. Se casaron en un puente románico, en la montaña, y celebraron un distendido banquete decorado y pensado hasta el último detalle. Ayudaron amigos y família, ¡esto sí que fue una boda handmade y totalmendte DIY!


Así que nos pusimos a hablar del pastel y ella quería uno como este, del curso de Alma Obregón, cubierto de fondant, decorado con glasa y una peonía. Pero después de que me contara como sería la boda, le enseñé pasteles más rústicos, cubiertos de crema, y luego todavía más sencillos, sin cubrir, los ya famosos naked cakes.


¡Y este fue el resultado! 3 pisos de bizcoho de vainilla, rellenos de crema de fresa aplicada con boquilla de estrella ancha, una fina capa de mermelada de frambuesa, bañado con almívar de vainilla y decorado con margaritas frescas y frutos rojos (fresas, frambuesas, arándanos y moras).


Un toque más rústico: montado en un trozo de tronco que mi padre cortó en casa.

El toque final: espolvoreado de azúcar glas justo antes de salir!

Lo mejor de la boda: poder asistir y que todos te feliciten por lo bueno que está, ¡mil gracias!


Espero que os inspire para hacer vuestros propios pasteles, jugad con la manga pastelera y os saldrán auténticas maravillas!